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Los Monstruos no nacen, se Hacen

Estamos viviendo una etapa muy violenta en todo el mundo, es inevitable leer o escuchar acerca de las constantes matanzas, secuestros, movimientos armados, violaciones, etc. En nuestra cabeza hemos formulado la pregunta: “¿Cómo un ser humano puede tener tanta maldad en su corazón?” y la respuesta es simple de explicar, un niño no nace con maldad, la forma en la que es educado y el entorno en el que se desarrolla en sus primeros años de vida definirán su personalidad, que en las peores condiciones, puede ser una mente trastornada. Por eso digo que los monstruos no nacen, se hacen.

 

Quiero comenzar con dos definiciones importantes que fijan el punto de partida para este tema: bienestar y trastorno mental.

 

BIENESTAR

Se entiende como bienestar al proceso activo para tomar conciencia en la toma de decisiones hacia una vida saludable y plena. El bienestar es más que estar libre de enfermedades, es un proceso dinámico de cambio y crecimiento.

 

TRASTORNO MENTAL
Las enfermedades o trastornos mentales son condiciones de salud que implican cambios en las emociones, el pensamiento o el comportamiento (o una combinación de ellos). Se asocian con angustia o problemas de funcionamiento en actividades sociales, laborales y familiares.

 

Entendiendo estos dos conceptos clave, quiero plantearte la siguiente interrogante: ¿En qué momento los padres rompen con el bienestar del pequeño y comienzan a crear un monstruo?

 

Puede resultar difícil creer que los padres son un factor importante en la creación de un trastorno mental en los hijos, pero lamentablemente es cierto. Padres que no han sanado sus heridas emocionales y más allá de eso, todo ese dolor que llevan consigo lo descargan con sus hijos o algún miembro de la familia. Imagina que difícil es crecer en un hogar donde los golpes ocurren todos los días y demás actitudes de rechazo, el pequeño empieza a experimentar el miedo y la ansiedad..

 

He presenciado casos desgarradores, niños que presentan indicios de trastornos mentales y me parte el alma ver como una persona tan pequeña e inocente pudo ser corrompida a tal grado de querer evadir su realidad, porque así es como nace un trastorno mental, a partir de una acumulación de vivencias traumáticas que orillan a un ser humano a querer olvidar absolutamente todo ese dolor que llevan dentro de sí, y en ocasiones, ese sufrimiento se esfuma cuando creas un personaje, el cual desde su perspectiva es un antihéroe que los salvará de ese dolor acumulado. Todo esto en el peor de los casos, pero no es el único factor que define esta condición mental, te enlisto las causas más comunes que ocurren dentro del hogar por las que un hijo podría convertirse en un monstruo:

     Carece del amor y atención de sus padres

     Es juzgado todo el tiempo

     No atienden sus necesidades

     Lo castigan por causas insignificantes

     Sus padres recurren a la violencia física

     No lo dejan soñar en grande

     Usan palabras o apodos hirientes al hablarle

     Lo alejan cuando demuestra su afecto hacia ti

     Catalogan como “estúpidas” sus ideas

     Existen peleas constantes en su hogar

     No prestan atención a lo que tiene que decir

     Presencia violencia hacia algún miembro de la familia

     Descuidan su educación

     Sus logros no son reconocidos

     Presencia problemas de alcoholismo o drogadicción en sus padres

 

Algo que debemos entender como mamá y papá de un pequeño es que nuestros hijos son una tarea de tiempo completo e implica una gran responsabilidad. Desde el momento que decidiste formar una familia o surgió repentinamente, es tu obligación como adulto responsable hacerse cargo de tus actos y eso implica estar al pendiente de la educación y bienestar de tu hijo, para que el día de mañana sea tu orgullo, un ser humano que aporte a la comunidad y pueda crear un cambio en este mundo.

 

Independientemente de esto, si tu hijo presenta problemas para interactuar y/o expresar sus sentimientos, tiene una actitud distante, se pelea con sus compañeros de escuela o tiene problemas para aprender; es importante hablar con ellos y mantenerse al pendiente de qué sucede en su entorno. Si esto no lo resuelve, consulta a un terapeuta infantil o familiólogo que será un punto clave para descubrir qué sucede y recuperar el bienestar del pequeño.

 

Espero que este blog haya sido de gran ayuda y principalmente, reforzar el papel tan importante que ocupan nuestros roles como padres de familia en la formación de nuestros hijos.

¡Bendiciones!

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